I Latina: Negándonos

Engala Löen Vecerra

Soltar… sin tener siquiera en las manos la fuerza para retener

Apretando el vacío de una despedida que quizás estuvo anticipada

Una despedida que tal vez leí en tu mirada una tarde cualquiera cuando estando, no estabas… Cuando hablando realmente callabas…

Comprendo, perdono y te libero… Te libero de mí, pero sobre todo desearía liberarte de ti misma…

Comprendo, perdono y te libero… Preguntándome a veces, cuando las noches son más calladas, cuando la soledad respira más fuerte… Si eres tú… Si te perdí y en efecto perdí el resto de la vida…

Desnuda

Engala Löen Vecerra

Desnuda. Con la piel de mis manos silueteo tu geografía.
Ojos inútilmente abiertos al vacío negro de esta alcoba.
Es el espacio ideal donde te poseo.
Es el templo donde te aspiro.

Desnuda. Como frágil centinela de un sueño; tiemblo.
Te contemplo sin miedo, te absorbo sin pausa.
En la iridiscencia de tu piel me entrego.
Sumerjo mis deseos en tu tibieza y casi creo que respiro.

Desnuda. Recojo mis pasos en tu cuerpo.
Abro los ojos por fin y un negro absoluto se observa.
Miro de nuevo a un lado; te busco del otro.
Desnuda, entiendo que otra vez fuiste un sueño en mis dedos.

Berenice Abbott: un obturador certero

Berenice Abbott aprendió a ver el mundo a través de la mira de su cámara

Engala Löen Vecerra

Berenice Abbott es un genio pionero. Es una mirada que en composición y desde el encuadre fue capaz de captar el universo psicológico de aquellos personajes que tuvieron la fortuna de posar para su cámara; así como captar la evolución de una ciudad que soñaba en convertirse en la gran metrópoli de los rascacielos.

Berenice nace a finales del siglo XIX y se paseó con el mismo encanto por el arte, la arquitectura y la ciencia. Motivo de referencia fueron sus relaciones con mujeres como Tylia Perlmutter y Thelma Wood, entre algunas otras amantes, todas negadas en la última etapa de su existencia, en la que Berenice prefirió evadir el tema y dejar a un lado aquellas pasiones lésbicas de las que antes casi se vanagloriaba.

Dos obras hacen significativa su trayectoria fotográfica: en primer lugar los retratos que desarrolló en París, cuando coleccionó imágenes silentes de hombres y mujeres (homosexuales o bisexuales) entre los que cabe mencionar a Jean Cocteau, Coco Chanel, Foujita, Eileen Gray, James Joyce y Max Ernst, entre otros.

En sus retratos supo captar la esencia psicológica de cada personaje

Su segundo trabajo fue “Changing New York” una colección de imágenes que narra magistralmente la evolución de la ciudad desde el año 1929 hasta 1939. Una década queda suspendida, aún como referencia imprescindible, en el objetivo de Berenice Abbott, una mujer que alcanzó lo que pocas en la sociedad de su época y que aún hace alarde, a través de esas imágenes silenciosas que nos contemplan, de su obturador certero.

Algunas imágenes de "Changing New York"

De vuelta a las andanzas…

 

Engala Löen Vecerra

Soñé que escribía. Soñé que dejaba que las palabras fluyeran a través de mis silencios y que sentía de nuevo el ritmo acelerado de frases e historias que se iban armando en mi cabeza, para correr por mis venas y materializarse en mis manos.

Soñé con fonemas. Soñé con susurros. Soñé con diálogos elaborados, con preguntas sin respuesta, con cosas buenas por decir, con malas noticias que callar hasta que no pudieran contenerse más en el cajón de una esquina.

Soñé que presenciaba, como sombra omnisciente, una historia que no era mía, pero que hacía mía a través de mis palabras. Soñé que presenciaba un beso que no tenía mi sabor y que inhalaba una exhalación que no tenía tu aliento.

Soñé con el duende; y con él escribo.

Poema de los ojos de la amada

Engala Löen Vecerra

No quiero que este año se termine quedándome en secreto este video que produje junto a mi buena amiga La Vaca Morada. Será que la víspera del nuevo año nos pone melancólicos, o será simplemente ese anhelo de algunos de cerrar aquellos ciclos que comienzan a cojear, a quedarse inconclusos.

¿Por qué será que esos sueños que producen desvelos se quedan enredados en las fibras de la almohada y a veces no alcanzan a volar? Sea como sea, aquí está… No me quedaré con este “pendiente”; no más.

Gracias Vaca, por tu constancia y por echarme una mano con este video; gracias por atender a mi petición (forzadísima, lo sé) de ayudarme, sobre todo porque este trabajo se llevó a cabo en una de esas épocas de cambios sustanciales y de caminos yuxtapuestos.

Gracias a todas aquellas personas que, al menos con un “click”, me hacen saber que todavía hay alguien que vuelve a visitar este espacio, esperando que uno de estos días ocurra una sorpresa.

Lunas octantes

Lunas octantes Rozando LabiosEngala Löen Vecerra

Ciclos.

Llena. Plenitud que manifiesta el deseo de postergar un comienzo eterno.

Mengua. Las ganas, el deseo, el apetito de tenerte y hasta aquel plan perfecto de hacerme tu siempre.

Negra. Duelo, muerte que adormece los corazones, amarga semilla que dará paso a más vida, a frutos maduros de encuentros.

Octante. La sonrisa brillante, cínica y transparente que se ríe de mí en las alturas; de mí, que deseo el plenilunio perenne.

Bésame

Besame Rozando Labios

Engala Löen Vecerra

Puedo vivir en ese espacio tácito e intangible que describen tus exhalaciones, cada vez que tu aliento me asfixia, robándome el deseo de precipitarme en tus labios como si la vida me fuese en ello empeñada.

Puedo acariciar, como en visualizaciones infinitas que se convierten en deseos surrealistas, esos pétalos que adornan el nácar cristalino de tu rostro, tersos, tibios, que me piden en susurros clandestinos que los deshoje, hasta llevarlos conmigo en los espacios que atesoro debajo de mi piel.

Puedo sentir, cada vez que tu boca me incita, el deseo latente de converger en tu sabor para probarte finalmente, para crear un mapa del recinto de tus labios donde pueda explorar cada recoveco y volverme, si es que estoy bendecida por el anhelo, en un beso recurrente.

Vita Sackville-West, mujer de fuertes pasiones

Vita Sackville-West RozandoLabios

Vita Sackville-West

ENGALA LÖEN VECERRA

Vita Sackville-West, cuyo nombre real era Victoria Mary Sackville-West, fue la amante más significativa de la reconocida escritora inglesa Virginia Woolf. Estando ambas mujeres casadas, se entregaron a sus sentimientos y tuvieron un amor pasional, lleno de deliciosos encuentros sexuales y absolutamente libres de remordimientos y dobles morales.

Vita era la señora de Harold Nicolson, pero esta unión no representaba una limitante para ellos, se trataba de una relación abierta, como todos los miembros del Grupo de Bloomsbury, casi como un contrato entre dos personas que se respetan y se quieren como individuos. Tanto Vita como Nicolson tenían relaciones homosexuales mientras eran pareja, sin que eso fuera motivo de disputas entre los dos. A pesar del inmenso amor que se profesaban, sus necesidades físicas y emocionales salían del contexto matrimonial, y cada uno se encargó de solventar esa situación.

De esta pareja, nacieron dos hijos, cuya educación fue asumida por las nodrizas.

Una de las pasiones por excelencia de Vita era la escritura. Incluso, esta poetisa y novelista inglesa se ha llevado premios en varias oportunidades por su poema narrativo “La Tierra”. La carta de amor más extensa y encantadora que alguien haya podido recibir, fue hecha por Woolf especialmente para ella, y lleva por título “Orlando”.

Desde muy pequeña sintió admiración por las mujeres; de grande, todas las sensaciones y el suave contacto que ansiaba experimentar de una mujer, se materializaron y se convirtieron en momentos de felicidades, placer y mucha emoción.

El corazón enamoradizo de Vita fue conquistado en su mayoría por jóvenes hermosas. Por ellas hizo hasta lo imposible, hasta el punto de irse, muy enamorada, en un largo viaje a París, disfrazada de hombre y haciéndose llamar “Julian”, para tener vida de pareja.

Hilda Matheson, directiva de la BBC; la periodista Evelyn Irons, Gwen St Aubyn y Mary Garman son algunas de las mujeres que han sido hipnotizadas por la belleza del amor entre mujeres y lo disfrutaron junto a Vita.

Palabras en segunda persona

Engala Löen Vecerra

Conduce cada suspiro exhalado de cada recuerdo por vías intrincadas que convergen en corazones ya ajenos, en memorias dormidas de un pasado que vive doblado en el bolsillo de un pantalón polvoriento.

Despierta entregando cada ilusión al viento, que al ir de paso por el alféizar de su ventana, le promete por mera cortesía que hará llegar sus sueños al oído certero que sepa escuchar sus súplicas y pueda convertir en realidades cada esperanza ojerosa y trasnochada que se quedó junto a ella en la cama, mirando al techo mientras llegaba el amanecer.

Ahoga en cada sorbo de minuto la melancolía de saberse sola, sin la oportuna caricia de manos tibias, tersas; sin el cobijo de sentirse escuchada, tomada en cuenta, amada… Asfixia las ganas del desvelo en cada lágrima enjugada, con un cuerpo desnudo que sueña en volverse fuego envuelto en brazos de abnegada pasión.

Contempla, aunque sea por última vez, un rostro marchito que se deshoja en cada rayo de sol que anuncia un nuevo día en la soledad; en la nada.

Oscar Wilde, el ruiseñor herido

Oscar Wilde

Oscar Wilde

Engala LÖen Vecerra

Oscar Wilde, pluma salvaje de la época victoriana, dejó su alma plasmada en cada una de sus obras, como aquel ruiseñor que entregó su vida para teñir de rojo una rosa, que luego sería desdeñada por los caprichos de una mujer.

Entre las joyas y los excesos de un alma dividida por la perversidad del hermoso Dorian Gray; en el baile insinuante y sensual de aquella Salomé que moría por rozar los labios del bautista y que, en su delirio, hizo suya su cabeza sin vida donde pudo saciar el deseo, Wilde plasmó su gusto por el hedonismo y esa personalidad inclinada a una refinada ironía que lo inmortalizaría para la sociedad de su época y para la posteridad.

Como un Dante, que no sentía miedo al descender a los infiernos de los excesos, logró escandalizar a la sociedad de su época, pero no sólo mediante sus escritos. La pública acusación de sodomía que lanzó sobre él el Marqués de Queensberry, lo hizo comparecer ante un juicio que lo condenaría a dos años de prisión.

Su pasión por Lord Alfred Douglas no sólo se tradujo, en su encierro, en el debilitamiento moral y espiritual de un hombre orgulloso, también significó su obra literaria más sentida, más profunda. En cada carta escrita, la vulnerabilidad de Wilde dejaba ver a un hombre íntimo, herido… Un hombre que, como lo escribió en una de sus cartas dirigida a Frank Harris, tenía el corazón roto y gracias a esas fisuras, pudo colarse en él la piedad.

A casi un mes de los 157 años de su nacimiento, se erige en este espacio un monumento compuesto de palabras para este genio irlandés, cuya tumba, bañada de besos, lo acreditan como uno de los grandes íconos homosexuales de la literatura universal.